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Carril Central – Los clubes de fútbol en los esports: ¿si o no?

El desembarco de los clubes de fútbol a la escena competitiva de los esports parece inminente y, en ese sentido, me propongo hacer un breve análisis de las ventajas y las desventajas de que esto ocurra.

Por Calihea
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Niveles de inversión

El primer dato que dibuja una sonrisa en la cara de la industria es la posición económica de esos clubes tradicionales de fútbol. Los números que manejan están muy por encima de lo que sueñan las organizaciones endémicas de los esports en la región y la incursión de estos equipos en la escena, sin duda, traería niveles de inversión nunca antes vistos. Si bien, se sabe que los grandes equipos viven en deuda permanente (46.1 millones de dólares a octubre de 2016 en concepto de deudas con la AFA en el caso argentino), de alguna manera, siempre caen bien parados. Pero de esto vamos a hablar más adelante, cuando lleguemos a las desventajas.

Estos niveles de inversión, naturalmente, abrirán el espectro de posibilidades para todos aquellos que quieran dedicarse a formar parte de esto. La posibilidad de incluir psicólogos deportivos, nutricionistas y kinesiólogos (entre otras profesiones) a la escena es el primer paso a profesionalizarla, y quiero creer que multiplicar el sueldo de un jugador tendrá un impacto directo en la actitud con la que se toma el video juego y, por tanto, en su nivel dentro del mismo.

Audiencia

Ningún deporte ni disciplina alcanza los números de audiencia en los que se mueve el fútbol. Aunque es cierto que el deporte tradicional contenta a un público distinto, esta también se convierte en una oportunidad de oro para calar hondo en esa parte de la audiencia que desarrolla intereses por fuera de los deportes tradicionales.

La industria del entretenimiento cambia, la tecnología avanza y las maneras de llegar a la gente hoy no son las mismas que hace 20 o 25 años. Si el fútbol, en este caso, quisiera dejar de perder terreno frente a nuevas disciplinas, deberá pensar en una estrategia de captación de audiencia nueva y aggiornada a la época en la que se vive. La realidad se plasma en los números y esos números dejan claro que, de 10 años a esta parte, el producto se ve menos. Los esports, entonces, son una oportunidad excelente para negociar una victoria en ambos lados. El aumento de los niveles de audiencia debería traer facilidad a la hora de buscar sponsors, endémicos o no.

Estabilidad económica e institucional

Difícilmente veamos desaparecer a un equipo de fútbol. La naturaleza “sin fines de lucro” convierte a los clubes en un espacio en el que muy rara vez se lleguen a ver fracturas organizacionales (Nota del editor: esto depende mucho de cada país; por ejemplo, en Chile los equipos son administrados por Sociedades Anónimas Deportivas y en Estados Unidos con capitales de inversión, ambos con fines de lucro). De igual modo, pese convivir permanentemente con la deuda, el gato siempre cae parado (exceptuando por algún caso que prefiero no recordar). La última publicación de Riot LAS (y los cambios a nivel mundial) pareciera apuntar, precisamente, a esto; a la auto-sustentabilidad de las organizaciones y a la mayor independencia posible. Riot, en este contexto, funcionaría como ente regulador y como encargado de dejar las reglas de juego claras para todos.

En la conferencia de prensa de Riot y sponsors realizada previo a la final de la CLS de este año, tuve la oportunidad de preguntarle a Mathias Fernandez (Country Manager de Riot LAS) de qué manera pensaba que las marcas podían llegar a invertir si, alrededor del mundo, Riot tenía políticas muy intervencionistas. Respondió que la intervención es necesaria hasta que se logra un clima óptimo para que las cosas funcionen solas. Hoy, ellos creen que ese clima está dado (me permito dudar).

Hasta ahora hice un repaso de algunos de los aspectos positivos que podría tener la inmersión de los agentes de deportes tradicionales en nuestra escena. Ahora, ¿qué puede malir sal?

Malos vicios

La junta directiva de un conocido equipo del sur de la provincia de Buenos Aires se junta en un despacho y vota un presupuesto que contempla una pérdida de 4 millones de dólares a lo largo del año. Todos levantan la mano, en señal de aprobación y cada uno se va a su casa. Nada sucede.  ¿Quién cubre la deuda?

De la caja de seguridad de un muy conocido club de la Patagonia desaparece un monto total a 865 dólares que se había recaudado para obras benéficas. Esa misma noche, en ese mismo club, se prepara un (bastante mal hecho) asado para la famosa “barrabrava”.

Como decíamos, se sabe que los grandes equipos viven en deuda constante y que, de alguna manera, siempre caen bien parados. El fútbol regional se convirtió progresivamente en un fiel reflejo de lo peor de las sociedades en las que vivimos: corrupción, violencia, favoritismos. Dejar entrar a estas organizaciones es el equivalente a dormir con el aire acondicionado prendido en verano. ¿Es necesario? Sí. Pero que no te sorprenda si en una semana te resfrías.

Dicho esto, quiero resaltar la oportunidad de oro que nos significa a todos estar alejados de estos malos vicios. Es cierto que tenemos otros vicios y que de las mafias no se salva nadie, pero en la construcción de una escena saludable, es fundamental que los cimientos sean de buen material. Al final, la responsabilidad de que estos vicios contaminen o no la escena será de aquel que parece estar esforzándose por captarlos.

El desconocimiento

El dinero no garantiza resultados. Team Liquid lo sabe. Una inyección de inversión semejante sin buen asesoramiento terminará por ser un fracaso. Los clubes que quieran meterse a la escena local de esports deberán buscar mentes que entiendan cómo funciona esa escena. Gente que entienda cómo funciona esta nueva y joven audiencia, qué buscan, cómo tratar con jugadores de esports, entre otras cosas.

Del mismo modo, Riot tendrá que entender que esas organizaciones no dan el brazo a torcer, no buscan ganancia justa y no van a estar dispuestas, como ahora, a sacrificar un porcentaje del presupuesto en pos del crecimiento de la escena. No alcanzará con tener décadas de experiencia en video juegos sin un mínimo entendimiento de cómo funciona una organización deportiva tradicional ni de cómo funcionan las mentes turbias de quienes mueven los hilos.

En esta ensalada de ventajas y desventajas, me gustaría invitar a la reflexión y, en caso de que se llegue a dar este ingreso, que se piense en maneras de extremar las precauciones a la hora de lidiar con estos agentes. Sería lamentable ver caer en las garras de los mismos de siempre  algo tan limpio como los videojuegos. Y bajo ningún concepto estoy negando la existencia de malos manejos en la industria actual, pero no hay punto de comparación.

Como futbolero antes que “gamer”, nada me haría más feliz que ver a mi equipo favorito jugando a la Liga de las Leyendas.

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