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Editorial: La “emergente” situación de Riot LAS, la CLS y Latinoamérica Sur

El anuncio de reducción de presupuestos para los equipos de la Copa Latinoamérica Sur ha calado fuerte en el interior de las instituciones, que muestran su rechazo frente a una información que dicen “mal entregada” y que complica sus proyectos para 2018. 

Por JonaValenzuela
Editor General de Prensalol

Twitter: @InfiniteVisions

Estos últimos días ha surgido toda una polémica por el anuncio de la reducción de presupuesto por parte de Riot LAS para los equipos de la CLS que competirán en 2018, cifra que se verá mermada en un 10% aproximado respecto de 2017, según afirman desde Riot en un comunicado publicado en su sitio web. La decisión, señalan, tiene que ver con la sensación de que la liga tiene la madurez suficiente para empezar a retirar apoyo a las escuadras, a la vez que éstas deben buscar de mejor forma nuevas fuentes de financiamiento y mejorar la competitividad para acceder a mejores premios.

Por su parte, algunos managers y jugadores han cuestionado la decisión, tanto en su forma como en su fondo. En su forma, en el sentido de que esta reducción fue informada apenas hace unos días y con 2018 encima, lo que afecta la planificación interna que han estado trabajando (Con resultados como el de Hafnet despidiendo a su roster academy). En su fondo, señalando que es un acto que va en contra del deseo de Riot de querer hacer crecer la región, quitando recursos que son fundamentales para ellos.

Lo cierto es que ambos puntos de vista tienen razón, pero también se equivocan, lo que muestra una señal bastante clara: Riot Games puede ser una empresa de videojuegos muy profesional, pero en términos deportivos, al menos en Latinoamérica Sur, demuestra un amateurismo que se extrapola a través de los equipos de la CLS. Vayamos por parte.

Riot Games tiene razón cuando dice que la escena debe ser sustentable, y es sencillo: Toda competencia que no sea capaz de sostenerse a sí misma está condenada al fracaso y la muerte. No obstante, convengamos también que la CLS en 2018 va a recién encarar su cuarto año, con una competencia que recién en 2016 se estabilizó y que en 2017 empezó a planear una expansión de seis a ocho equipos que, para muchos, es cuestionable, tanto en el ámbito financiero como en el deportivo. Como dicen en Chile, “estaban poniendo la carreta delante de los caballos”, agrandando una competencia que aún no acaba de consolidarse en lo estructural ni tener la demanda necesaria.

Ese mismo contexto actual de la competencia no hace muy plausible el argumento de que “el panorama de confianza de marcas, medios y el ecosistema en general son más favorables para que las instituciones obtengan fuentes de financiamiento adicionales”. Es cierto, es un panorama más favorable, pero ¿Es lo suficientemente favorable cuando todavía, siquiera, se consolida un tipo de campeonato? ¿Cuando recién en 2016 se establecieron Gaming Houses? ¿Cuando recién en 2017 algunos equipos pueden aumentar su staff con kinesiólogos, psicólogos o más de un analista? Probablemente no.

Riot LAS tiene una visión algo apresurada del crecimiento de la liga local, avanzando a un ritmo que los equipos, al parecer, no pueden seguir. Esto ha hecho que una decisión del recorte de presupuesto de 10% fuera un tremendo balde de agua fría para las instituciones que contaban con esos dineros para avanzar en sus propios proyectos.

Por otro lado, aumentar los premios para los equipos ganadores es solo hacer una repartición menos equitativa, fomentando (como en todos los deportes) una separación clara y contundente entre los “equipos grandes” y “equipos chicos” de la CLS, entregando más herramientas para que los grandes mantengan su hegemonía y que a los chicos les cueste un poco más conseguir cosas. Ahora, dentro de los dos argumentos de Riot LAS, este es el que tiene mejor asidero ya que, de cierto modo, es un premio a las instituciones que deciden invertir más.

De todos modos, es una decisión correcta a largo plazo. Si queremos que el esport sea reconocido como deporte, uno de los requisitos fundamentales es que los equipos sean autosustentables para que puedan mantener su independencia deportiva, mientras que Riot puede entregar dineros menores por concepto de transmisiones, por ejemplo, donde los equipos con mayor taza de reproducciones tengan mayores montos. Pero a futuro, no a 4 o 5 años de haber comenzado la liga, cuando las instituciones aún están en etapa de maduración y aún tienen muchas carencias estructurales.

Por el lado de las instituciones, es comprensible el rechazo que generó esta decisión, puesto que son equipos en etapa de maduración, más estructural que deportiva. Muchos de ellos, cuando empezaron, eran jóvenes con más ganas que conocimiento y han aprendido cómo administrar a punta de errores. Por lo mismo, la carencia de inversores y de especialistas ha hecho que el obtener auspicios y representaciones se haya vuelto una tarea compleja y que vean a Riot como la fuente más fácil para sus ingresos.

Por lo mismo, parece que los equipos avanzan internamente más lento de lo que a Riot le gustaría, justamente porque son tan amateurs (o “emergentes”) que ellos. Lo cierto es que este cambio de presupuesto es un llamado de alerta para los managers, para que se asesoren de la forma correcta para encontrar auspicios y no ver un post en facebook señalando que “buscan auspiciadores”. Esa no es la forma, ni nunca la será.

Porque los equipos son de sus dueños y no de Riot, y en última instancia, son ellos los que deben invertir en su proyecto para sacarlo a flote y volverlo autosustentable, sin depender exclusivamente de lo que éstos pueden entregar. No hay inversión sin riesgo, por lo que una persona que quiera formar parte de la escena profesional de League Of Legends debe entender esto. Tener visión empresarial o asesorarse con personas que tengan esta visión y la experiencia necesaria. Si no, es un proyecto que no puede ser autosustentable y por lo tanto, morirá.

Este conflicto ha desnudado la situación de Latinoamérica Sur, una región que se siente algo confundida en este minuto, con una competencia a la que pareciera faltar aún algo de visión, tanto estructural como económica y que aún vive de un “romántico” amateurismo. Sobre todo, hace falta más coordinación entre Riot y las instituciones, para que equilibren la velocidad a la que avanzan y den el paso adelante juntos.  Solo así podremos tener una escena saludable y sustentable a futuro.

Foto: Riot Games

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